viernes, 14 de abril de 2017

"La princesa Paca"

«A mí me enseñaron que Rubén Darío era el poeta cursi, y en realidad ha sido todo un descubrimiento, he llegado a conocerlo como persona» ... Así comienza hablando del Príncipe de las Letras Daniel Holguín, el actor que encarna a Rubén Darío en la recreación cinematográfica de "La princesa Paca", una novela de Rosa Villacastín -nieta de Francisca Sánchez- y Manuel Francisco Reina-. 

Es cierto, y triste, cómo la mayoría de los que hemos estudiado Literatura tenemos esa primera imagen de Rubén: un poeta aislado en su "torre de marfil", ávido de los cumplidos de los que lo rodeaban... el poeta del adorno y de la pomposidad. 

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa? 
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, 
que ha perdido la risa, que ha perdido el color. 
La princesa está pálida en su silla de oro, 
está mudo el teclado de su clave de oro; 
y en un vaso olvidado se desmaya una flor. 
                                        (Rubén Darío, "Sonatina")

Y nos lo creemos, nos lo creemos con esa ceguera del que no se adentra el alma del que escribe, ignorando que, quizá, detrás de todo, hay un motivo más doloroso que banal. 
Ayer por la noche vi ese lado más humano, más sensible del poeta y que se trata de obviar. La historia de amor de Rubén Darío y Francisca Sánchez fue tan hermosa, conmovedora, tan lírica, que parece modelada para uno de los poemas de aquél. 

[...]Ser cuidadosa del dolor supiste
y elevarte al amor sin comprender;
enciendes luz en las horas del triste,
pones pasión donde no puede haber. [...]
                              (Rubén Darío, "A Francisca)

Francisca se cruzó en la vida de Rubén y lo redimió de la tristeza, del dolor de su pasado, de ese estar perdido entre mujeres que no supieron corresponder al amor tan inmenso que era capaz de ofrecer. Francisca fue un regalo para él en esa vida de oculta oscuridad que sólo ella supo ver.

Ajena al dolo y al sentir artero,
llena de la ilusión que da la fe,
lazarillo de Dios en mi sendero,
Francisca Sánchez, acompáñame. [...]

Ella lo tomó de la mano, y le sirvió de razón de vida desde que se produjo el milagroso encuentro entre ambos; luchó contra su desolación y contra la bebida; contra los terrores del pasado del poeta; ... Paca, una mujer sencilla, analfabeta, luchó contra todo por el amor de su vida. Entonces, fue admirada incluso por Emilia Pardo Bazán, y ahora es admirada por tantas personas que han sido más amantes de Rubén Darío por ella.

Y yo, que desde niña adoro la Literatura como a mi vida, que he hablado de Rubén Darío tantas veces como me enseñaron, he de pedir disculpas a su recuerdo. Después de abrir los ojos a este grandioso poeta, cuya vida antes de Paca le truncó tanto amor y tanta poesía que aún le esperaba, abro también su libro de poemas; y lo abro por una señal dispuesta allí al azar, y leo:

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto, 
y el temor de haber sido y un futuro terror... 
Y el espanto seguro de estar mañana muerto, [...]
                                (Rubén Darío, "Lo fatal")

Este el Rubén verdadero, aquél que se conoció a sí mismo cuando Francisca se apareció ante sus ojos; aquél que verdaderamente alcanzó a ser llamado Príncipe de las Letras porque el vuelo de su poesía no merecía otra cosa. Tenía miedo de morir, quizá por deprenderse de su gran amor; pero él no murió nunca, pues pervive en la belleza, en la profundidad de los sentimientos, en la Poesía verdadera... Y pervive en el corazón de esa mujer que fue el Amor, que fue su ninfa, que fue su vida.


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